Un bebé puede rechazar el alimento por diversas causas, la mayor parte de las veces, no existe ninguna patología, sino que se debe a factores ambientales y psicológicos.
Esto quiere decir que los bebés no suelen rechazar la comida, sino más bien las condiciones en las que se les da de comer.
Entre las causas tenemos:
No necesita más: los bebés tienen la capacidad de ajustar su alimentación a sus necesidades energéticas.
Cuando estas necesidades se satisfacen, es normal que el bebé no quiera comer más.
Se encuentra en una etapa de desarrollo lento: en torno a los 2 años, los bebés comienzan a desarrollarse más despacio, necesitan menos energía y suelen reducir su ingesta de comida.
Técnica de alimentación inadecuada: algunos factores pueden hacer que el bebé no tenga hambre cuando llega la hora de comer. Por ejemplo, que haya comido entre horas, que existan muchas distracciones o que los horarios sean muy rígidos.
Estrés durante las comidas: muchos padres se ponen nerviosos cuando un bebé rechaza la comida. Por ello, le obligan a comer, le distraen, se enfadan, etc.
Como consecuencia, el bebé asocia el alimento con una mala experiencia.
Rechazo de nuevos alimentos: puede ocurrir cuando se introduce una alimentación complementaria a la leche materna.
Fármacos: algunos medicamentos pueden causar pérdida de hambre en bebés.
Enfermedad: la falta de apetito puede aparecer como síntoma de una enfermedad.
En este caso, podremos detectarlo porque el bebé presenta otros síntomas y deja de ganar peso.
